NIÑOS AUTISTAS Y CONDUCTA ALIMENTARIA

Las prácticas anormales de los niños con Trastornos del Espectro Autista (T.E.A.), denominación clínica del autismo, se expresan de diferentes formas y les dificultan la adaptación a una alimentación adecuada. La incorporación tardía de alimentos sólidos y nuevos o la dificultad para masticar son algunas de ellas.

 

La atención integral de los menores con autismo pasa por conocer las alteraciones en su comportamiento alimentario, aunque la causa no esté clara. Se ha aceptado que su aparición está relacionada con los patrones restrictivos e inflexibles típicos de estos niños (conductas estereotipadas o dificultades para asimilar los cambios), pero en los últimos años se aborda el posible origen asociado a alteraciones orgánicas, como alergias e intolerancias alimentarias, o a problemas de mala absorción intestinal.

 

 

Se ha llevado a cabo un estudio de diseño trasversal y retrospectivo de casos y controles en la Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil y la Unidad de Nutrición Clínica y Dietética del Hospital Universitario Virgen de las Nieves, en Granada.

La muestra estaba constituida por 46 niños y adolescentes autistas (casos), además de 30 controles escogidos entre los hermanos sanos. El objetivo fue examinar los hábitos alimentarios y el comportamiento de los participantes y precisar las conductas alimentarias atípicas.

 

 

Los padres cumplimentaron una encuesta dietética completa. Se incluían cuestiones relativas a la alimentación materna, las dificultades en la nutrición de los recién nacidos y de los niños durante la primera infancia, el diagnóstico de alergias alimentarias o de otra índole y los trastornos digestivos (estreñimiento, diarreas, meteorismo), otros trastornos de los hijos (irritabilidad, hiperactividad o problemas de sueño), las infecciones recurrentes que requirieron antibiótico, así como los hábitos, preferencias y aversiones alimentarias.

 

Los resultados del estudio mostraron lo mismo que han constatado otras investigaciones semejantes: los niños autistas tienen más retraso en el desarrollo del área de la alimentación. En ellos es más difícil la incorporación de alimentos sólidos y nuevos, tienen más problemas para masticar, aprenden más tarde a beber en vaso, su capacidad para usar la pajita es menor y comen más deprisa. Según la muestra, el 47,8% de los niños autistas no bebían directamente del vaso a los 15 meses, en comparación con el 6,7% de sus hermanos sanos. A uno de cada tres se le diagnosticó conductas de pica y fueron quienes rechazaron los alimentos en mayor medida, tanto por el tipo de comida como por su textura (72% frente al 40%).

 

El conocimiento de las alteraciones en el comportamiento alimentario de estos menores es de gran interés porque permitiría diseñar pautas dietéticas específicas, corregir deficiencias nutricionales asociadas y mejorar su atención integral.

 

 

Dieta sin gluten y sin caseína

 

Estudios recientes constatan el efecto positivo de las dietas sin gluten y sin caseína en los niños autistas. Se han detectado péptidos anormales en la orina atribuidos a la incapacidad del organismo de descomponer esas proteínas en los aminoácidos. Las sustancias más problemáticas son el gluten y la caseína de la dieta. Estos componentes mal metabolizados producirían los neuropéptidos caseomorfina (derivada de todos los productos lácteos) y gliadinmorfina (procedente del trigo, la avena, el centeno, la cebada…, que pasarían al torrente sanguíneo y de ahí al cerebro, donde actúan como los opioides endógenos y provocan toxicidad. Esto explicaría parte de los síntomas autistas.

 

Se ha realizado un ensayo controlado aleatorio que cumple los autores identificaron sólo un ensayo controlado aleatorio que cumplía los criterios de selección de la publicación científica. En el ensayo, se aplicaba la dieta libre de gluten o libre de caseína como intervención para mejorar el funcionamiento conductual, cognitivo y social en individuos con autismo. Los resultados del ensayo indican que una dieta combinada, libre de gluten y caseína, puede reducir algunos rasgos autistas. Pero el ensayo fue de pequeña escala, con sólo diez participantes en el grupo de tratamiento y diez participantes en el grupo de control.